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Cervecería La Abadía. Adiós y gracias, Abadía

Fecha: 
18/07/2018

«Adiós y gracias, Abadía, porque sin ti, no sería quién soy hoy»

Después de tres décadas vinculado con ‘Cervecería La Abadía’, Julio Gutiérrez Rodríguez dice adiós a esta etapa de su vida. palabras de agradecimiento son las que tiene hacia todas esas personas que han formado parte de esta aventura.

La madera de la barra permanece suave bajo el tacto de sus dedos, a pesar de todo lo que ha sufrido después de años de uso e interminables cervezas derramadas sobre su superficie lacada. 

Pasa por debajo de los arcos apuntados de madera una última vez, pues aunque vuelva a verlos en el futuro, ya nada será igual. Antes de salir, mira una vez más la decoración que durante tres décadas lo transportó a una época lejana de reyes y caballeros, en la que él era el orgulloso anfitrión de todos ellos. Una punzada en el corazón sobrecoge a Julio Gutiérrez Rodríguez en cuanto oye a la puerta cerrarse tras de sí. 

Más de la mitad de su vida dedicada a las cuatro paredes de Cervecería: La Abadía. Dieciocho años como camarero y después doce como gerente. Las satisfacciones y los disgustos, las anécdotas y las risas, todo ese tiempo recorre su mente en unos pocos segundos. Y aunque haya una multitud de emociones que le estremecen a la vez, una única sobresale sobre el resto: agradecimiento.

Aún recuerda el primer día que comenzó su trabajo en La Abadía, papel y bolígrafo en mano para tomar nota de lo que quisiesen los clientes. Jamás se habría imaginado que llegaría hasta lo más alto.
Aunque sepa que la nostalgia lo vaya a invadir cada vez que piense en esa época, pues ya lo hace en ese mismo instante, también tiene la certeza de que ha llegado la hora de abrir una nueva etapa en su vida.
Aun así, nunca se olvidará de todas las personas que lo acompañaron en esa aventura: sus compañeros, los proveedores y todos los clientes que alguna vez se sentaron en los taburetes y sillas de La Abadía. 

Julio Gutiérrez mira a su alrededor y contempla la ciudad por la que siente un profundo cariño y gratitud incondicional, por todo lo que le ha dado. Desea volver ya a casa con su mujer, Carmen Crespo, un pilar de apoyo fundamental durante todos los años de preocupaciones y trabajo duro. Las palabras le fallan para describir todo el amor infinito que siente hacia la persona que siempre estuvo allí para lo bueno y lo malo.

Aunque haya una parte en su interior que sienta algo de tristeza por el fin del capítulo que es La Abadía, también se encuentra expectante ante todo lo que le espera y con ganas de emprender ese nuevo camino. Un rumbo que está lejos de La Abadía, porque cuando vuelva a pisar su interior, ya no será como gerente, sino como otro cliente más. 

Así se despide del establecimiento que siempre permanecerá en su corazón y les desea lo mejor a sus nuevos propietarios. “Adiós y gracias, Abadía, porque sin ti, no sería quién soy hoy”, susurra para sí antes de alejarse definitivamente de su fachada caracterizada por esas vigas de madera.

Tipo: 
Entrevistas